Bifurcación.

23.02.2025


El aire está, ¿qué más da?

Llego a mi sitio,

el mismo que era nuestro.

Y que conquisté con mis malditos desvaríos.

Los mismos que te hacían sonreír…

Hasta que no lo hicieron.

El aire está trabado.

Cargado alrededor de mi garganta

pues la brisa grita el silencio

de una tristeza trasmutada en nada.

El vaho que exhalo,

mis pulmones y huesos,

no lo reconozco como míos.

Se quedó en otros huesos, otros pulmones,

que ya no pueden ser míos,

ni tan siquiera nuestros.

El aire es pesado.

Cargado alrededor del hueco

entre costilla y costilla

por cuyas hendiduras

aún traspasa una cuchilla.

Aunque mi boca es muda

necesito soltar todo este amor podrido.

Incauto, le mando un mensaje,

como si se lo escribiese al mismo aire:

"No te puedo necesitar más."


Bifurcación.


*** (Realidad 117)


Mi corazón latiendo de impaciencia

pero la respuesta no se hace esperar.

"Sólo dime dónde, y espera

que ya estoy a punto de llegar".

Le indico este bar, guarida de corazones,

No sin la duda: Sé que no le mola mi hogar.

¿Quizás se arrepienta?

¿Quizás finalmente no aparezca?

Mea culpa, por responderle este antro

al ofrecimiento de ese dónde.

Idiota, pesimista de los cojones.

Pues en el primer aparcamiento

veo como estaciona su coche.

La saludo con un fuerte apretón de manos.

Rehúsa, ella insiste en un abrazo.

Paso junto a la barra, templo del lugar,

pero mi objetivo son los asientos

donde ella está dispuesta a escuchar.

Los feligreses nos observan, cuchichean,

con esa manía de marujear

creando rumores y mierdas.

Pero yo sé que nada importa,

sólo que ella acudió para estar.

Y comienzo, le cuento, expiro

todo ese aire negro

que envenena mis intestinos

y que no me deja respirar.


Rompo en lágrimas

Ella me arropa contra su hombro.

Se convierte en pañuelo,

como tantas veces hice yo.

Guarda silencio. Está.

Esos silencios capaces

de darle sentido a la realidad.

Catarsis.

Me seco las lágrimas,

Al final lo he echado todo.

No he dejado ni mierda

en mis entrañas.

El aire es puro,

y húmedo.

Fresco de respirar. 


*** (Realidad 118)


Mi corazón latiendo de impaciencia

Pero la respuesta se hace esperar.

Esa desagradecida no tiene

la menor intención de contestar.

Y acabo en este bar, antro de despojos,

No sin la duda: ¿Por qué me tiene que ignorar?

No es posible; yo siempre estuve

como pañuelo ante sus lloros.

Quizás finalmente aparezca un rato.

Mea culpa, solo queda esta guarida

ofreciéndome un silencioso trago.

Idiota, optimista de los cojones.

Pues el primer sorbo te hace alcanzar

el estado de total imbecilidad.

Saludo al alcohol, ese alcohol fuerte,

¡qué grite!, para que me pueda ignorar.

Me siento en la barra, pegajoso lugar.

Mi objetivo es el asiento sin compañía,

que nadie venga a molestar.

Pero los feligreses se acercan,

con esa maldita manía de socializar,

diciendo tonterías que creen de verdad.

Pero yo sé que nada importa.

Yo no me creo ni mi verdad.

La bebida contiene la apnea,

asfixia más que el aire.

El veneno que necesitan mis venas.

Ojalá pueda vomitar en paz. 


Rompo mi muda voz,

con el fin de pedir una copa de absenta

tan cargada que haga inundar

la presa que reside en mi corazón.

El barman, juzgando, sirve en silencio.

Esos silencios capaces

de arrebatarle todo a la realidad.

Náusea.

Me limpio el vómito.

Al final lo he echado todo.

No he dejado ni mierda

en mis entrañas.

El aire es denso

y seco.

Difícil de respirar.


***

Es Halloween, y el aire está cargado

de densas nubes,

de miedo e irrealidad.

¿Pero qué es el terror?

La dulce balada del dolor

que fallece ahogado,

por falta de lágrimas,

en áureo alcohol.

 


¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar