Melopea por un fracaso.

23.03.2025


Y si de suerte y casualidad un genio me ofreciera un deseo, yo pediría un corazón. No el mío, pues aunque no tengo, ya me he acostumbrado al cuerpo sin pulso; pediría el suyo.

Pero...

Si bien su nombre sería el primero en invadir mi taimado cerebro, no podría otra cosa que decirle a ese genio maligno que rechazo tan suculento obsequio.

Entiende, como yo creo que entiendo, que ella ahora es feliz, tiene la vida que nunca creyó que pudiera tener. Está exactamente en la vida que, obvio, merece estar. Conmigo sería negarle sus sueños; y yo, por muy feliz que me haría, no podría, ni merecería, vivir si le hiciera semejante herejía.

Ella es feliz, yo me arrastro por los bares; para mí es suficiente y muy superior del soborno de ese tentador genio buhonero del destino.

Negando mi propio amor, he amado barras de bar como si estás poseyeran la virtud de la reciprocidad. Pero, en un intervalo de sin razón, entre borracheras y paquetes de tabaco, ocurrió lo que solo puedo denominar anti-milagro.

Unos ojos se clavaron. Y estás carnes muertas lo único que recuerdan es el sonido sobre el ataúd de los clavos. Esos ojos… se clavaron…, y descubrí que aún me quedaba otro corazón por desgarrar.

Cuando ella me amó ni yo podía quererme, incrédulo dejé que el tiempo lo devorase todo. Para cuando el tiempo sació su hambre, y yo me digné en creer que podría amar, ella era quien estaba derrumbada. Como siempre había llegado tarde. Ese pecado que perennemente iba a arrastrar. Lo intenté con palabras, como siempre hacen los cobardes.

"Cariño, fallar no es un fracaso,

fracaso es no estar dispuesto a fallar"

me obligo a explicar a ese rostro angelical

horadado por intermitentes arroyos de sal.

Quizás esta fue la gota que colmó el vaso.

Me juraba, con absoluta credulidad, que lo decía por ella. En el fondo era el sucio egoísmo de no perderla.

Fracasé, como en todo.

Y es que mi vida es una eterna batalla con el fracaso, no contra mi desengaño per se, más bien con un sistema afanado en fabricar fracasados. Y todo, ¿por qué, por quién?

Por atiborrar las frágiles arcas de vanidad de aquellos emponzoñados con el afán de triunfar.

¿Pero qué digo? ¿Qué mierda digo?

Sólo busco a quien culpar por una única verdad: ella ya no se gira a mirar por si yo la espero.

La vida está, pero yo ya no soy.

Las luces me ciegan. Creo que estoy condenado a la enésima melopea.


-L 

Share
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar